Hertzmusik

Hertz

Todo empezó con un libro. Era el 2007 y Alessandra estaba por publicar su
poemario Lost and Found, con la editorial Álbum del Universo Bakterial, de Arturo
Higa. Frank la llamó a la casa que compartían desde hacía unos meses, y le dijo,
hagamos un disco para el libro. De ahí nacieron las cinco canciones que acompañan
el poemario, bajo el artificio de un CD con canciones que formaban el soundtrack
de la narradora del poemario mientras caminaba por la ciudad húmeda y fría que
es Lima en invierno. Compuestas por Alessandra, cada una fue trabajada con una
atmósfera distinta gracias al conocimiento de Frank en producción musical. Lo
disfrutaron tanto que decidieron seguir haciendo música juntos. Uno de los temas
del EP, Sidewalking, fue incluido en el compilatorio Uforia, del sello Nave Nodriza
de Hermann Hamman, y pronto empezaron a tocar como Hertz, dentro de la
pequeña pero vibrante escena alternativa limeña.

Debido al amor de Alessandra por la creación de universos ficcionales, a la
habilidad en ingeniería y producción de Frank, y a su respeto compartido por el
público, desde un inicio trabajaron en la puesta en escena como parte fundamental
del espíritu de la banda. En ella, Frank es un androide inventor, al mismo tiempo
imponente y entrañable; Alessandra es la parte emocional y humana de la relación.
Fue un desarrollo natural a partir de los instrumentos de Frank (aparatos
electrónicos para hacer música, como sintetizadores, secuenciadores, un theremin
hecho en casa por él mismo, un vocoder integrado en su máscara) y los de
Alessandra (máquinas mecánicas más antiguas, como la guitarra y el teclado, y su
voz), pero también fue una consecuencia de la naturaleza de cada uno. Alessandra
es la compositora de la banda y Frank el productor musical; tienen gustos
musicales muy distintos, con importantes convergencias, pero esta independencia
musical le da a la música que hacen juntos la tensión de un romance. Cada uno,
desde sus particulares sensibilidades, aporta una parte esencial del espíritu de
Hertz, excéntrico y popero.

Durante todo ese tiempo, la vida real siguió su curso. Paralelamente se dedicaron a
su otra pasión, la cocina, y abrieron la heladería El Hada. Se casaron, tuvieron una
hija y se mudaron a Cusco, donde siguieron componiendo y tocando, ahora con la
participación en visuales de Malaki y con Fil Uno como invitado especial en el
violoncello. Tuvieron un hijo más. Una noche volvieron a casa y se encontraron con
una ventana rota y la ausencia de casi todos sus instrumentos. Decidieron darle
una pausa a El Hada, dejar Cusco, mudarse al Valle, volver a empezar. Pasaron
cuatro años desde su última tocada, en el legendario Fallen Angel, en Cusco. Ahora
ha llegado el momento de volver, por el simple motivo de que la música necesita
seguir reverberando en el aire. La chica y el androide nuevamente comparten su
romance convertido en música con quienes acudan a aportar su energía, sus oídos,
su corazón.